
ENSEÑANZAS SAGRADAS |
Sobre la libertad de elegir
Maestro Hsu: Cuando retiraron a un monje de un templo porque se enamoró de una mujer de la comunidad, fui a hablar con dicho monje, lo veía consternado, me compartió su vida, me asombró su profundidad y apertura, contesté yo en mi forma brusca, en esa otra ciudad también habrá carreteras y si tu amor es verdadero se encontrarán. Éste monje me dijo: - Admiro tu libertad, ninguna regla rige tu espíritu, y así sé porque sufro, porque he perdido mi libertad para saber cuando cambiar la totalidad de mi estructura de vida y cuando retornar a ser el humilde ser que soy.
El que establece las reglas
Cuando me subía a uno de los árboles frutales, siempre me podía esconder, y ahí comía en silencio para en algunas ocasiones tirar el hueso a alguien, algunos me miraban y se reían, pocos de ellos podían llegar a la altura que yo me subía. En el juego verdadero tiraba el hueso, así quien quisiera podía acompañarme en la altura, pero todos miraban para abajo y les daba miedo. Todos creían que yo tenía la mejor rama, pero tenía la mejor porque llegué primero, porque idee el juego.
La convicción inteligente
Cuando se idea el juego y se llega primero, se es plenamente inteligente ¿Dónde está la inteligencia? La inteligencia surge en generar una invitación continua a participar todos ¿Qué es lo opuesto? Invitar verbalmente y sentir que no tengo una respuesta inmediata con convicción. Hacer con convicción, ofrecer tu labor a Dios, esperar que Dios disfrute el caramelo y la fruta que Dios está gozando en tí y después aceptar la sorpresa de la manifestación magnífica y grandiosa de Dios sumándose a tu labor.
Sobre el respeto a la tarea bien hecha
Cuando alguna vez tuve que ir a que me otorgaran un recipiente que tenía un trocito de madera con una tela en la parte superior y el recipiente era un copón, sentí que no había problema en ir por ello, más una vez uno de los maestros viendo que yo era un cobarde o que abusaba de mi poder físico y mi poder mental para intimidar a otras personas me dijo: Llevas ahí las cenizas de un santo se dice que quien las llega a esparcir por el suelo verá al demonio o algo más, tanta fue mi intranquilidad que tropecé sin saber que sólo había cenizas ordinarias molidas.
Sobre la curiosidad
En la parte posterior del templo solía ponerse un monje, nos dijeron que con las manos hacía ciertas formas en las que focalizaba todo su poder, cuando las manos focalizan todo el poder se puede sanar, se puede levitar, se pueden limpiar los demonios del subconsciente, se pueden hacer milagros, así se nos comentó que éste monje utilizaba las formas precisas para extraer el poder de la creación, escucha desde tu corazón. A más de un monje pude seducir para que brincara algunas paredes para acercarnos a él y verlo más de cerca, nuestro ángulo de visión era mínimo aún así empezamos a intentar con el mayor de los silencios escudriñar la forma más próxima de acercarnos a dicho monje, para nuestro asombro éste se hurgaba la nariz y nos dijo: Encontré el moco sagrado, se volvió y nos perseguía diciendo: Si te lo pongo encima seguro que haces un santo, no huyas, no huyas, no huyas joven monje.
Sobre el merecimiento sincero
En mi juventud robé cenizas del altar mayor para intentar hacer mi primer proceso de purificación en un hogar, uno de los hermanos mayores de los monjes directos del Abad me observaba, se acercó a mí y me dijo: No tengas miedo, mira, tengo un problema, el Abad se ha enterado que robas cenizas del Altar ¿Qué me sugieres que le diga?
No le digas nada, contesté yo, dile que venga a hablar conmigo. Aún así no dejé las cenizas.
El Abad sabe eso también y te contesta que las cenizas que te llevas las mereces pues quien toma y vive a plenitud lo que toma lo merece.
Sobre la unidad en la lucha
Te contaré un secreto de mi vivir, cuando me junté con el resto de los maestros en Los Ángeles, que venían de Taiwán, que consideraban que mi linaje ya había perdido su poder, les dije a mis alumnos: todos sus competidores en el campo de batalla querrán destruirlos, solamente les pido una cosa, que sepan detenerse en el momento que hayan sido vencidos y que no vean los opuestos que los han lastimados, si están lastimados no lo demuestren, detengan la pelea y otorguen la pelea al contrincante, esto traerá un sentimiento de reconocimiento que han sido entrenados como auténticos guerreros. Recuerdo que mi primer discípulo entro, lo golpearon en los testículos, muy lastimado se incorporó otra vez a la batalla, después de un golpe más se detuvo, se acercó al contrincante y le dio las gracias por una excelsa lección, le dije a aquel discípulo que permaneciera sentado próximo a la sala de batalla; llegó el otro, pelearon, su superioridad superó a mi discípulo, se detuvo, otorgó la batalla y le pedí que se sentara al lado del que había peleado primero; al final todas las batallas las perdimos, mis alumnos estaban al lado del ring, y sus alumnos estaban dispersos, demostraron uniformidad y unidad, mis alumnos mostraron que son guerreros porque sabían con quien contaban, sus alumnos eran peleadores y su época se acabaría.
Sobre la esencia de lo impredecible
A lo largo de los años cuando permanecí en el templo, aprendí con facilidad, más me dí cuenta que sólo aprendía la esencia de los conocimientos, me iba con mis diversos amigos de pandilla y ahí tenía que sobrevivir, después del gran reto encontré una cuestión singular que en el arte de improvisar está la verdadera esencia, la esencia de aprender la ley espiritual tiene un complemento perfecto femenino, salir y no tener un plan de vida para llevar mi talento, mis recursos y en tu caso particular compartirlos solamente, quien no tiene expectativas camina en libertad, quien vive en frustración y ansiedad ha perdido su esencia entera de libertad.